Una costa plagada de tesoros sumergidos

Una costa plagada de tesoros sumergidos

Los restos de grandes trasatlánticos y barcos que transportaban plomo, plata, estaño y hasta oro descansan bajo las aguas que bañan la comarca, junto a numerosos buques de guerra.

Hallazgos como el que hace unos días tuvo lugar en la zona ribeirense de Espiñeirido, donde fueron recuperados un par de cañones de bronce pertenecientes a la Armada Invencible y datados por lo tanto en el siglo XVI, confirman la teoría de que la costa barbanzana está plagada de tesoros sumergidos. En toda Galicia hay identificados más de 1.600 pecios, pero se estima que la cifra de unidades arqueológicas es superior a 8.000. Y una parte importante estarían bajo las aguas que bañan Barbanza, que eran en el pasado una gran autopista marítima que, por sus condiciones a nivel meteorológico y sus fondos rocosos, concentraban un elevado número de naufragios.

Pero para hablar de auténticos tesoros sumergidos se tiene en cuenta la importancia arqueológica e histórica del barco o el valor de la carga que transportaba. En el caso de buques muy antiguos, como al que pertenecen los cañones encontrados en Corrubedo, hay que tener en cuenta que eran de madera y por lo tanto solo permanecerían bajo el agua aquellas piezas o partes del cargamento de materiales resistentes.

En el siglo XX se generalizaron los barcos de hierro, pero también proliferó la figura del desguazador, profesionales que se encargaban de desmontar los navíos hundidos para vender sus partes, de ahí que de muchos grandes naufragios que están localizados apenas se conserven restos.

Sin embargo, es posible diseñar un mapa de esos tesoros submarinos que han despertado, o lo hacen ahora, el interés de especialistas, submarinistas y curiosos. Es una lista, con total seguridad, incompleta, en la que faltan navíos que está constatado que naufragaron en las aguas de Barbanza, pero que nunca fueron localizados, y otros cuyo paradero se ignora, como es el caso del localizado en Corrubedo fruto de la casualidad.

Santa Isabel

Perteneciente a la Compañía Trasatlántica Española, el Santa Isabel se hundió en enero de 1921 cerca de Sálvora. A bordo viajaban 266 personas y solo sobrevivieron 53. El denominado Titanic gallego fue desguazado, pero en la zona se conservan algunos restos que siguen llamando la atención de los aficionados al submarinismo. Son piezas que están al alcance de cualquiera, pues se hallan a unos diez metros de profundidad.

Aries

Cerca de la isla de Rúa descansa desde 1977 el Aries, un carguero que portaba 500 toneladas de mármol triturado, cuyo destino era A Pobra. Su principal valor es que se conserva entero y está colonizado por miles de especies diferentes, que lo convierten en un gran atractivo para los buceadores.

Alejandro

En la ría de Arousa, a la altura de Castiñeiras, reposa también el esqueleto del Alejandro, un buque carbonero que se hundió en 1961 tras embarrancar cerca de la isla de Sálvora. El pecio está intacto y entre sus inquilinos hay nécoras, centollas, congrios y bogavantes. El problema es que la presencia de restos de artes de pesca dificulta las inmersiones, recomendadas solo a buceadores experimentados.

Don Pedro

Aunque no está al alcance del buceo turístico, puesto que se encuentran a unos 50 metros de profundidad, los restos del Don Pedro despiertan gran curiosidad. El vapor se hundió en los bajos de Corrubedo en 1895 y de sus 128 pasajeros, fallecieron 89. En su carga había armas y estaño, lo que alentó a los cazatesoros, hasta el punto de que en el año 2000 fueron detenidos cuatro británicos, acusados de intento de expoliación. Se dice que también llevaba cajas fuertes con oro y diamantes.

Friesland

Los bajos de Corrubedo esconden también los restos del carguero holandés Friesland, que se hundió en 1877 cargado con 220 toneladas de estaño. Se dice que la mercancía fue extraída, por lo menos en buena parte, por buceadores de la zona. Pese a ello, un barco inglés intentó en el 2000 localizar el barco tras firmar un convenio de colaboración con la Armada Española, pero la operación no dio los frutos esperados.

Palermo

Otro de los grandes naufragios que tuvieron lugar frente a Corrubedo fue el del Palermo. Sucedió en 1910. Falleció toda la tripulación, formada por 24 personas, y se dice que parte del cargamento era oro.

Salier

A unos 40 metros de profundidad, en la costa sonense de Basoñas, está localizado el Salier, un trasatlántico alemán de más de cien metros de eslora que naufragó en 1896. En el vapor viajaban 281 personas y fallecieron todas.

Cardenal Cisneros

Uno de los principales tesoros submarinos que esconde el litoral de Muros son los restos del Cardenal Cisneros, un acorazado de la Armada Española que se hundió en 1905. Fue localizado en el 2006, a unos 65 metros de profundidad, pero nada se sabe de las 30.000 pesetas en plata y un puñado de billetes que supuestamente había en la caja fuerte.

L’Amable Nano

Buceando a pulmón en el entorno de la playa de San Francisco, en Muros, es posible ver algunos de los cañones de L’Amable Nano, una fragata francesa que se hundió en 1763. Es un pecio sin explorar, cuyo grado de importancia se desconoce. Sí se sabe que los cañones, a diferencia de los aparecidos en Corrubedo, no son de cobre, sino de hierro.

Corsario de Soane

En el litoral muradano, concretamente en la entrada de la ría, reposan también los restos del Corsario de Soane, un buque francés que se hundió durante el combate naval de Muros, ocurrido en julio de 1543. Se cree que este buque transportaba el brazo de plata templario de San Guillermo robado en Fisterra.

Desconocidos

La existencia confirmada de varios cañones de hierro sumergidos por fuera del puerto de Muros hace pensar que esta zona fue testigo de diversos naufragios. Todo indica que pudieron tener lugar durante el combate naval de Muros, en el que se enfrentaron una escuadra francesa de 25 naves, al mando de Jean de Clamorgan y del corsario Hallebarde, y una española de 16 buques capitaneados por Álvaro de Bazán. La victoria fue para los españoles y solo un navío galo pudo escapar. El bando perdedor sufrió más de tres mil bajas.

Squyro

La zona muradana de Meixidos está considerada un cementerio de barcos. Entre los buques que descansan en él se encuentra el Squyro, un carguero que se hundió en 1891 guardando en su interior una gran cantidad de plomo. Pese a que los restos del navío continúan sumergidos en el lugar, la carga ya no está, puesto que una expedición procedente de Inglaterra se encargó de retirarla en 1961. Tras varias jornadas de trabajo, consiguieron reflotar 300 toneladas de plomo, una de ellas con una importante cantidad de plata. Pero puede que parte del botín todavía esté en el fondo del mar de Muros, puesto que la idea de aquellos cazatesoros era regresar meses después. Su operación se frustró porque no habían solicitado permiso para apropiarse del botín y tuvieron que dejar la mercancía en un puerto de A Coruña.

Barco con plata

En 1905 naufragó en los bajos de Meixidos un barco con un cargamento de plata, pero todo indica que esta mercancía fue recuperada. Hay constancia de que en la década de los 50 fueron reflotadas 50 toneladas por la empresa aseguradora del buque y también de que buceadores de la Armada Española estuvieron en la zona en 1984, supuestamente realizando ejercicios. Algunos marineros aseguraron haber visto varias decenas de lingotes de plata sobre la cubierta del patrullero Sálvora con el que se desplazaron al lugar.

Larache

En otro punto negro de la costa muradana, los bajos de A Ximiela, descansan los restos del Larache, un vapor que en 1908 era engullido por el mar con 154 tripulantes en su interior. Hacía la ruta entre Cádiz y Bilbao y había hecho escala en Ribeira, por lo que parte de las 85 víctimas mortales eran de la comarca. Además de por la importancia del barco, propiedad de la Compañía Trasatlántica Española, el hundimiento pasó a la historia por la hazaña protagonizada por los pescadores de Muros, que participaron con sus lanchas en las tareas de rescate.

Ariete

Aunque fue desguazado en gran parte, bajo las aguas que bañan la costa de Lira continúan los restos del Ariete, un destructor construido por Bazán para la Armada Española que se hundió en 1966. Su principal valor es de carácter histórico y sentimental, puesto que aquel fatídico 25 de febrero, la población de Lira se echó al mar y logró rescatar con vida a todos los tripulantes del buque.

Buque de la Armada Invencible

La última incorporación que ha registrado la lista de tesoros sumergidos bajo las aguas barbanzanas es el buque de la Armada Invencible que yace en los fondos marinos de Corrubedo. Se han reflotado dos cañones de bronce, pero los marineros que lo localizaron aseguran que en la zona hay muchos más restos.

Fuente: https://www.lavozdegalicia.es/